Aprendiendo a ser los padres que nos hubiera gustado tener.


La profesión más difícil en la vida es ser padres. Porque la función de los padres es construir personas. La misión de un paternaje basado en principios (a diferencia de ser padres) es construir personas sanas. Individuos funcionales en sociedad y, por tanto; autónomos y autodependendientes. Adultos. ¿Cómo lograrlo?

Te enlistaré las cosas que NO pueden faltar.

Creer en nuestros hijos MÁS DE LO QUE ELLOS MISMOS CREEN EN ELLOS

Los padres que ejercen un paternaje basado en principios no sobrerreaccionan ante las conductas negativas, las críticas ni las debilidades de sus hijos. No creen haber progresado cuando descubren que los hijos de otros son más rebeldes, o reprueban más materias. Incluso cuando sus propios hijos tienen algún tropiezo, tienen un bajo aprovechamiento escolar o descubren en ellos algo que les duele. Estos padres no son ingenuos; son conscientes de que sus hijos no son perfectos. Pero eligen seguir creyendo fehacientemente en ellos. Saben que aunque fallen, creer en ellos es fundamental para que sus hijos se levanten de nuevo tras una caída. Esos padres consideran que la conducta y la potencialidad son dos cosas distintas. Creen en la potencialidad invisible de sus hijos y de todos los demás.

Son padres agradecidos y tienden, de forma natural, a perdonar compasivamente las ofensas que reciben a veces de su parte.

Se niegan a etiquetar, estereotipar, clasificar y prejuzgar a los demás, pero sobre todo a sus hijos; por el contrario, detectan a ese árbol joven que es su hijo y lo ayudan a transformarse en un gran árbol.

Muchos padres nos hemos sentimos inquietos por las etiquetas que nosotros mismos en casa y otras personas fuera de ella habíamos aplicado a uno de nuestros hijos, aunque se justificaban, dado su comportamiento.

Pero los padres que se basan en principios eligen poner el énfasis en detectar las potencialidades de sus hijos, y gradualmente comenzar a verlo de forma diferente. Cuando ellos llegan a creer en sus potencialidades invisibles, las viejas etiquetas se esfuman y dejan de tratar de cambiar a sus hijos de la noche a la mañana. Simplemente están seguros de que el talento y la potencialidad en cada uno de sus hijos saldrán a su debido tiempo. Primero sembrar, luego cosechar.


En verdad, creer es ver. Así, debemos intentar creer en las potencialidades invisibles de nuestros hijos.

Ello genera un clima de confianza, crecimiento y de oportunidades de que los cambios ocurran “de-adentro-hacia-fuera”.

Ser amigo de tus hijos es dejarlos huérfanos. Lamento ser tan determinante, pero es real. Sí. Tus hijos tienen muchísimos amigos si lo han hecho bien tú, tu pareja y él o ella. No necesita uno más.

No evadas la responsabilidad de corregirlo. Los amigos no corrigen y no ponen límites. Tú no estás es su vida para ser su amigo. Estás en su vida para hacer de él o ella un hombre o mujer funcional para la sociedad. Dado la importancia de que esto quede claro, me explicaré bien:

Los padres no deberíamos pretender ser amigos de nuestros hijos, o al menos, no mientras no tengan el timón fuertemente entre sus manos con una back pack que contenga mapa y brújula con ellos.

Para muchos padres actuales, ser amigo de sus hijos es un anhelo que les ha hecho olvidar su autoridad y que ha producido efectos no deseados. Hagamos un poco de historia: Siempre la familia ha tenido una estructura autoritaria. El padre como figura máxima de autoridad. Los hijos respetaban (y con frecuencia también temían) al padre. En este escenario, la madre, la mayoría de las veces también sometida a un marido, se esforzaba en proteger al hijo, a escondidas para no ofenderlo, colaborando con su sumisión al miedo familiar. Por mucho tiempo la autoridad de los padres sobre los hijos se vivió con un enfoque autoritario, de imposición y absoluto control, una relación distante, severa, rígida e incluso violenta. El castigo físico y los golpes, también se hicieron parte de este modelo de crianza. Nuestra crianza como hijos.

Haciendo las cosas bien, mas no las cosas correctas, los padres desde la generación X los padres quisieron romper esa ancestral figura autoritaria ante sus hijos como mecanismo restaurativo compensatorio. La palabra que parecía resumir mejor ese nuevo deseo de relacionarse diferente era amistad y, entonces, los padres y las madres, llenos de un profundo y sincero deseo de hacer las cosas bien, anhelaron ser amigos de sus hijos.

Pero estos padres pasaron por alto un asunto importante: Se olvidaron de que la amistad siempre es entre iguales. Además, este buen deseo produjo efectos no deseados. Muchos padres renunciaron a su figura autoridad y respeto, sin conseguir con ello mejorar la relación entre ellos y sus hijos.



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