Carta a mi abusador sexual

Creo que no vale la pena escribirte todo lo que sigue. Pero no lo hago por ti, ni por todos los que siguieron después de ti. Lo hago por mí y por todas las mujeres que podrían beneficiarse con ello. Sólo por ello, elijo hacerlo.

Necesito hablarles a todas esas niñas y mujeres que me escuchen todo el odio, el dolor y la confusión que viví en mi interior desde que me tocaste por primera vez, cuando mi mamá me dejó encargada con tu mamá. Y yo era una niña de tan sólo 5 años.

Si te preguntas las razones de esta carta, te las voy a dar: durante muchos años TE ODIÉ, PERO TAMBIÉN ME ODIÉ A MÍ MISMA. Tienes que saberlo.

Hoy voy a darme el permiso de expresar toda la confusión que sentí durante mi infancia tan triste. El sentirme la niña sucia y mala contenida en mí desde aquel día ¿te acuerdas?

¡Sí! Ese día que abusaste de mí, en tu propia casa, en la recámara de tu hermanita menor, mi amiguita, un poco después de comer en la mesa con tus padres. ASÍ DE MISERABLE. Sé que si tienes consciencia hoy a tus casi 70 años debes recordarlo. Pero quizá no tan claramente como lo he recordado yo durante casi 50 años.

Bien, no creo que te interese demasiado, pero debo decirlo: Durante muchos años a partir de ese día, el odio que debía sentir por ti, lo sentía por mí. ¡Sí!

Me odiaba a mí misma por haberme dejado tocar por tus asquerosas, sucias, repugnantes y malditas manos. Hiciste pedazos mi infancia y me llevaste a lamentar cada minuto de mi existencia, por eso, y un poco más, te odié muchos años.

Esperé durante toda mi adolescencia y adultez temprana, que dondequiera que estuvieras, te encontraras lamentándote, sin saberlo, con tus penas o desgracias, cada una de las pérdidas de mi vida. Me lo debías y quería cobrarte el dolor con dolor.

Cuando a los 18 años elegí estudiar psicología nadie en casa entendió mi elección. Mis padres la reprobaron pues no entendían que lo yo que buscaba eran respuestas al elegir esa carrera. Buscaba ayudar a muchas niñas a que no pasaran lo mismo que a mí me había pasado. Buscaba dejar de castigarme por algo que yo no había sido responsable.

Y siendo alumna en la facultad de Psicología de la UNAM, me di cuenta que nada ganaba con hacerme daño a mí y desearte mal, así que decidí dejar de hacerlo y aprender a perdonarte.

Por amor a mí misma, aunque cierta estoy de que tu inmensa ignorancia e inconsciencia no te acusa de nada y (luego de haber arruinado mi vida, siendo apenas una niña de 5 años) continuaste con tu vida normalmente.

Sin ninguna culpa. Con mayor tranquilidad. Durante años odié saber que era así. Al contrario de lo que yo tuve que vivir después de ese suceso, tú, IMBÉCIL, seguiste comiendo, bebiendo, durmiendo, fornicando y abusando de mujeres COMO SI NADA.

Como si nada malo hubieras hecho en tu mísera vida. Mientras tanto yo, lloraba amargamente mi dolor. Por el daño que me causaste... y que nadie me ayudara en ello.

¿Sabes lo que hice a partir de ese día? NADA. No hablaba con nadie, lloraba cada tres segundos porque mi mamá me regañaba, porque no quería que me apagaran la luz para dormir, porque tenía hambre, porque por más ganas de ir al baño que tuviera no podía sentarme sobre el rodete del WC por miedo a que una enorme tarántula saliera de ese orificio y atacara mis órganos genitales…

Aún hoy, a mis más de 50 años me cuesta mucho dormir con la luz completamente apagada. Si viajo llevo una pequeña luz nocturna conmigo siempre.

Perdí el deseo de jugar, no salía a los recreos y me quedaba mirando a mis compañeritas desde la ventana, cómo corrían, saltaban, se reían Y YO... yo estaba aislada en un rincón deseando ser igual de buena que ellas.

Y dejé de ser niña... Perdí mi inocencia o, lo que es peor, tú me la robaste.

Y tu recuerdo estaba presente en todo momento, tu nauseabundo olor, tus mugrosas manos, recordando la sensación de “tu cinturón” (como me dijiste que se llamaba tu pene) entre mis muslos de niña me seguían adónde iba.

No me dejabas en paz ni un momento, estabas ahí siempre, haciéndome sentir culpable y sucia de lo que sólo tú eras culpable y sucio. DE TU COBARDÍA. Y no me daba cuenta de que el único RESPONSABLE, MENTE SUCIA, PEDÓFILO, SIEMPRE FUISTE TÚ.

Me creí responsable, por más de 20 años de tus actos y sentí mucha vergüenza de mí misma y baja autoestima.

Por eso no me valoré y quedé embarazada de mi primer novio a los 16. Ojo, él me dijo que yo ya no era virgen y por eso seguro el hijo no era suyo.

No sabía, entonces, que el único responsable eras tú.

Desde aquel día soñaba con tener las mejores notas y destacar académicamente porque por nada más yo valía.

No quería que nadie me viera, me escondía... mientras tú SIENDO el CULPABLE, caminabas con la frente en alto sin vergüenza y sin recordarme.

Sé qué ha sido de tu vida. Sé que no fuiste capaz de hacer una familia funcional. Que siempre has sido un ignorante y mediocre a nivel profesional. Que te has divorciado y dejado de varias mujeres y has dejado hijos desprotegidos.

Pero la verdad es que, gracias a que en mi carrera empecé a tomar terapia, pude abrir esas heridas abiertas por más de 20 años y me dí cuenta que si yo no fui responsable de hacerlas, SÍ ERA RESPONSABLE DE CURARLAS.

Y empecé a sanarlas. Aunque por mucho tiempo no logré confiar en nadie y me relacioné de forma dependiente… ¡Por supuesto! ¿Cómo iba a ser diferente con mi baja autoestima y mi pobre autoconcepto?

ESO TAMBIÉN LO DEBÍA A TI.

Tu asqueroso olor aún me persigue…. e incluso te veo en abusadores que buscan mi ayuda profesional.

Te confieso que tú sólo fuiste el primero. Después de ti hubo 6 hombres más durante el periodo de mis 5 a mis 9 años, y que a pesar de que gracias a muchos de los talleres que imparto hoy en mi ejercicio profesional, como el taller del perdón y el taller del niño interior he trabajado mucho en perdonarte y le he prometido a mi propia niña interior que la protegería, no fui capaz de hacerlo cuando a los 25 o 30 años me encontré con hombres adictos al alcohol y abusadores también en cuanto a lo económico, a lo social, a la agresión física y a lo emocional. Y ni hablar de cuando a los 42 años volví a sentir que un hombre me abusaba sexualmente sin defenderme… paralizada de nuevo, como cuando era niña.

Y aunque no me defendí en ese momento sí lo hice al contarles a mis primas lo ocurrido con ese tío. Dándoles a conocer la verdad que se oculta en tantos abusadores aunque protegiéndolo de enfrentar la situación porque hablé hasta el día de su muerte.

Y reconozco que no deseo verte a ti ni a ninguno de los 7 abusadores sexuales de mi vida nunca… aunque en cada uno de mis talleres los veo.

Porque he entendido que mi odio y mi rencor hacia ustedes no les afecta a ustedes, sino a mí.

Muchas de mis noches de pesadillas soñé con arruinar su vida, como arruinaron la mía siendo una niña inocente. Soñaba en buscar la manera de hacerlos pedazos de la misma manera que hicieron pedazos la mía, sin cuidado alguno, sin ninguna causa. Sólo porque sí. Porque se les antojó hacerlo. Hoy sé, como profesional de la conducta, que 9 de cada 10 abusadores fueron niños abusados también.

Pero eso explica, MAS NO JUSTIFICA lo que ustedes me hicieron a mí.

Lo importante es que GRACIAS A USTEDES hoy soy la mujer que soy. Gracias a ustedes, elegí ser psicóloga y ayudar a tantos niños y niñas en talleres y campamentos terapéuticos donde ellos aprenden que SU CUERPO ES SU TERRITORIO y que nadie lo toca sin su permiso.

Y sobre todas las cosas, gracias a ustedes, MIS HIJOS no pasaron por esto y eso ya hace que mis abusos tuvieran sentido.

Mi madre fue una niña abusada. Mi hermana y yo lo fuimos también. Esa niña que tuve a los 16 y que mi madre me quitó por muchos años también. Pero los dos hijos que nacieron y vivieron siempre conmigo nunca lo fueron. Y eso es un gran para qué.

Hoy elijo perdonarlos o porque ustedes lo merezcan. Lo hago porque practico lo que predico y sé que lo merezco yo.

Lo merece mi esposo. Lo merece mi vida.

Sé que perdón no es olvido y agradezco a Dios que no lo sea. Porque pueblo que olvida su historia, está condenado a repetirla. Sé que yo los he perdonado y los he dejado de cargar. Me he liberado. Entendí que el que se niega a perdonar, se niega a la libertad y a la oportunidad de vivir libre.

Esas son las razones de esta carta abierta para ustedes, mis abusadores. No porque ustedes lo merezcan, ni eso, ni mi tiempo escribiéndoles. Lo hago porque si tan sólo una mujer de todas las que me lean pueden elegir buscar ayuda para sanar sus heridas gracias a esto, habrá valido la pena escribirla.

Gabriela Torres de Moroso Bussetti

www.mipsicologa.mx

@gabrielatorres4

Noviembre del 2019

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